10 abril, 2017 Valerie Adolff

¡Nuestro cuerpo está diseñado para sentirse bien!

Nuestro cuerpo aúna habilidades físicas, emocionales e intelectuales. Tiene una capacidad natural de recuperación frente a cortes, lesiones, fracturas e infecciones víricas o bacterianas. Es entonces cuando pone en marcha una serie de procesos que le permite en un tiempo determinado curar las heridas, disminuir la tos y mucosidad, soldar huesos etc.
Nos avisa de un peligro cuando estamos a punto  de pasar el límite y evitar así que nos podamos enfermar de más gravedad o incluso con riesgo de muerte.
En caso de que el cuerpo no consiga curarse por sí mismo, seguirá llamando nuestra atención en forma de flujos, picor o dolor para acusar este hecho. Es cuando se precisa  apoyo externo.  Médicos tradicionales y profesionales holísticos se orientan con este lenguaje. Por ejemplo Rüdiger Dalke en su libro “la enfermedad cómo camino”, insiste que este lenguaje no solo nos salva, nos guía y nos ayuda en evitar estados de salud más graves, sino que nos indica la necesidad de un nuevo enfoque.  Es un camino que quizá exija un cambio de hábitos en la alimentación, el ejercicio físico o nuevos estilos de comunicación. Aunque inicialmente cada cambio nos puede parecer muy difícil, el cambio de rutinas no significa necesariamente dejar de hacer lo que nos gusta, sino guiarnos hacia algo nuevo.
Cada parte del cuerpo tiene habilidades propias de movimiento, respiración, contracción y descanso y a veces las usamos mal o las forzamos más de lo debido. Según la zona que se enferma o se daña, afecta a la habilidad relacionada. Por ejemplo una persona que padece una erupción fuerte cutánea, tendrá que averiguar cómo puede proteger mejor su piel.
Unas de las habilidades de la piel es proteger el cuerpo de las influencias del exterior. Para recuperar esta habilidad, el primer paso será  proteger externamente la piel por ejemplo con unas cremas.  Otra de sus habilidades es eliminar las toxinas del cuerpo a través del sudor. Para volver a recuperar esta habilidad natural de sudar, uno de los pasos recomendados es provocar el sudor mediante ejercicios o sauna.
Este lenguaje del cuerpo es una gran suerte que nos ayuda a volver a conectar con nuestras necesidades principales. Es nuestra responsabilidad hacerle caso al cuerpo, sobre todo ante situaciones urgentes.
El reto está en detectar nuestras necesidades personales y seguirlas en lugar de adaptarnos a unos estereotipos externos o recetas populares.
Si observamos a los niños pequeños, vemos que viven el lenguaje del cuerpo espontáneamente. De una forma innata reconocen cuando tienen hambre, lo que les sienta bien y lo que no, y cuando tienen sueño o ganas de jugar. Son los maestros de la atención a su cuerpo hasta que entran en el mundo de las rutinas, reglas y comportamientos aprendidos.
No podemos volver a ser niños, pero si recuperar aquellas habilidades naturales:
¡Nuestro cuerpo está diseñado para sentirse bien!