10 April, 2017 Valerie Adolff

Respirar conscientemente nos da ánimos

La respiración es uno de los procesos más básicos y naturales de nuestro cuerpo. Empezamos a la hora de salir de la barriga de nuestra madre y lo solemos proclamar con un grito y la boca bien abierta. A medida que nos hacemos mayores, respirar parece ser una acción menos valorada, olvidada o con un esfuerzo añadido. Y muchas veces además le quitamos el ritmo y expresión, excepto que el cuerpo nos lo pide en forma de un gran suspiro.
En todos los procesos con mis clientes, independientemente del objetivo que quieren conseguir, el aprendizaje de una respiración variada es imprescindible. La respiración ayuda al cuerpo de oxigenarse, de aumentar su nivel de atención, de energía y de concentración. Gracias a ella nuestros músculos se mueven y aguantan, o por su contrario, nos permite activar el sistema parasimpático para descansar y relajar.
Inhalar y exhalar se hace por la nariz o por la boca o alternando ambos. Barriga y diafragma apoyan el proceso en las respiraciones profundas con movimientos de contracción y relajación. Somos capaces de adaptar nuestra respiración al ritmo de los demás, tal y como lo aprenden los niños cuyas madres los llevan mucho tiempo  en telas o mochilas pegados al cuerpo. Un ejercicio que me gusta mucho ofrecer en los talleres es respirar espalda a espalda para notar nuestra propia respiración con el „eco“ de otro cuerpo. Esta experiencia física suele tener mucho éxito porque nos refleja un inhalar y exhalar como proceso interno y externo.
Podemos influenciar el ritmo, la profundidad y las zonas adónde llevamos la respiración, y según el ejercicio físico que exigimos al cuerpo, nuestra capacidad pulmonar aumenta o disminuye. Me refiero también a cantar o hablar en público.
Una gran excepción en el control de nuestra respiración son momentos intensos de miedo o dolor. Solemos reaccionar con bloquear nuestra respiración, encoger el tórax durante un tiempo, normalmente hasta que el cuerpo nos recuerda coger aire por agitación o una inhalación profunda.
Nuestra respiración también es la expresión de nuestras emociones, de nuestro „fuego“, de nuestro entusiasmo. Hay personas que expresan todo con extrema agitación y otros con demasiado poco ánimo.
Habitualmente no nos damos cuenta que llegamos a crear un patrón de respiración conectado a una emoción. Por ejemplo personas que conviven durante tiempo con una persona muy rígida y colérica, llegan a respirar con poca profundidad por miedo de llamar la atención o provocar un estallo de enfado por parte de la otra persona.
Lo mismo pasa a personas que han convivido años con personas depresivas y encerradas, porque han adoptado una manera de respirar muy suprimida.
Marta empezó el proceso conmigo porque dijo que notaba falta de ánimo y en algunos momentos una tristeza que rozaba la depresión. Al hablarme de su estado, se tocaba claramente el centro del pecho, el esternón y la cara. Recordamos juntas físicamente la sensión cuando sentía este estado y miramos cómo respiraba en estos momentos. En las sesiones siguientes, le enseñé diferentes formas de respirar hacia el pecho, los costados, el diafragma y le di el tiempo de comparar cada estado con el vivido anteriormente. Marta aprendió a usar la respiración por la nariz, la boca, con agitación en el diafragma, con empuje afuera y/o con un encogimiento voluntario. Así puede hoy en día controlar el esfuerzo, el volumen y el movimiento que emplea y consigue mover el aire conscientemente hacia su cabeza o sus pies.
Este es su resumen personal: „En pocas sesiones, el método de Valerie Adolff me ayudó a conseguir mejora del estado físico  y del equilibrio emocional. La realización de los ejercicios, contribuye a mantenerme mejor de lo que estaba. Otro aspecto que considero importante, es la toma de conciencia que permite el tiempo que se dedica a las respiraciones,  pues predispone a mentalizarse para actuar con asertividad. Y también porque es fácil de hacer, y efectivo.“
(Foto de Javier Perez –  frogx three)